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12 de diciembre de 2012

El baúl del pensamiento, Grandes mentes en enorme olvido



El universo no está definido más allá de donde nos permitan ver nuestros sentidos, o tal vez algún mundo metafísico realmente pueda enseñarnos más allá de la simple física. Hoy publicare el segundo “El baúl del pensamiento”, este no es un texto propio, fue escrito por un amigo de aquellos que desde la infancia me acompaño en el camino, en este corto texto nos mostrara un poco más que tanto nos controlan los medios de comunicación, como olvidamos a los verdaderos héroes dejando que se pierdan en el olvido, sin más preámbulo “Grandes mentes en enorme olvido” por Daniel Padierna

Muchas veces somos incapaces de reconocer un tesoro cuando lo vemos con nuestros propios ojos, tal vez por pleno desconocimiento del mismo, por ser un conflicto para nuestros intereses, por un desinterés injustificado desde todo contexto, por un sentimiento de ego o envidia que nos impide sacar fruto de aquel prospero árbol bendecido por uno que otro privilegio del destino; o por simplemente una holgazanería de la profundidad de alguna de las fosas Marianas que nos obstaculiza día tras día a iniciar la búsqueda de nuestro progreso mientras que nos vamos degenerando en nuestro propia conciencia sin darnos cuenta de la necesidad existente que hay por ese tesoro. Todas estas anteriores situaciones es lo que desde hace varias décadas le ha pasado a nuestra desbaratada sociedad llena de violencia propia de una civilización inculta que se sigue malcriando a través de los rellenos sanitarios de la decepcionante fanfarria descomunal de los grupos de comunicación mediáticos, la vieja clase política, los intereses ególatras y luchas campales sin lógica. No digo todo esto por haber deslumbrado con mis cinco sentidos la falta de ética de algún que otro programa de televisión, las incoherencias de ciertos políticos que debieron pertenecer a aquella antigua época del oscurantismo, los constantes actos de violencia de mi país, la necesidad urgente de una inversión seria en educación ni  la deficiencia en la búsqueda de al menos un pequeño bien común (que ya con eso tendría suficiente para otros diez o quince artículos); sino porque seguimos demostrando que no tenemos el simple acto de honradez de darle un gracias sincero y de la respectiva magnitud a uno de los grandes personajes que haya germinando en este país: Gabriel García Márquez o mejor conocido como Gabo.

Estamos plagados de noticias violentas, amarillistas, faranduleras y vacías en importancia transmitidas diariamente en los diversos medios de comunicación existentes y que únicamente le concedamos entre 4 y 7 minutos en la televisión o con uno que otro articulito de periódico a uno de los grandes escritores que el mundo haya conocido y solamente porque unas pocas personas publicaron entre las efemérides de su página web el recordatorio de los 30 años en que nuestro Gabo fue condecorado con su bien merecido Nobel; y es tanto el desinterés que le damos a su obra que apuesto a que hoy 11 de diciembre de 2012 a que casi nadie recordará que tuvimos aquel grato regalo que seguimos dejando abandonado en el viejo sótano de nuestra biblioteca mental. Y yo me pregunto: ¿Qué carajo necesitamos para mostrarle a este genio de las letras hispanas un acto de agradecimiento justo? Porque no basta con que le pongamos su nombre a cualquier escuela o biblioteca, no basta con rememorarlo en alguna fecha especial, no basta con usar alguna de sus frases y publicarlo por alguna red social, no basta con decir que Cien años de soledad es una joya literaria (Y ciertamente lo es) sin siquiera tener conocimiento de que se trata el libro, tenemos que poner la mano en el corazón y ante todo reflexionar profundamente de la enorme riqueza que nos ha brindado Gabriel García Márquez   a través de su vida, leer con total interés alguna de sus bellas obras y descubrir que aquella República Bananera que tanto mencionaba en sus escritos es demasiado similar a lo que he estado describiendo a lo largo de este texto y de lo que muchos otros que conozco también porque han hecho este mismo acto inicial  en honor a nuestro Gabo.

Y lamentablemente, él no ha sido el único afectado en esta vieja y desastrosa historia de uno de los tantos pecados de nuestra país; porque por esa mismo tribunal de cuentas totalmente corrupto han sido condenados a cadenas intolerables de olvido numerosos personajes que han hecho mucho por esta patria como son Pedro Nel Gómez, Álvaro Gómez Hurtado, Débora Arango, Epifanio Montoya Uribe o Santa Bernarda; y que únicamente siguen vivos en algunos pequeños espacios gracias al esfuerzo continuo de unos pocos a los que les doy mis más sinceras admiraciones por no dejar morir tan importantes aportes y que si no fuera por ellos, tal vez no estaría escribiendo estas palabras. Lo único que deseo con este escrito es mostrar mi indignación ante el olvido imperdonable en que dejamos gran parte de nuestra historia y que reemplazamos con banalidades fruto de un placer egoísta, regresivo y meramente materialista que nos siguen condenando día a día a la soledad de la que alguna vez hablo Gabo cuando narraba los múltiples desastres que ocurrían en Macondo y que rememoró en un contexto más real en su discurso de aceptación del premio nobel de literatura en 1982.


 

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